LINFEDEMA, DRENAJE LINFÁTICO Y EMOCIONES

Como psicóloga, en las dinámicas de grupo de pacientes mastectomizadas, he oído muchas veces frases del tipo: “De repente he perdido otra vez el control de mi cuerpo, va por libre” o “tengo algo dentro con lo que no puedo hacer nada”. Esta sensación es devastadora porque desde pequeños nos enseñan que somos responsables de nuestros actos, que si hacemos las cosas bien tendremos un premio y si las hacemos mal tendremos un castigo, que nosotros tenemos que controlar las consecuencias. Y de repente nos enfrentamos al cáncer y todo nuestro mundo de creencias se rompe.

Cuando ya parecía que lo peor había pasado, aparece el linfedema y es la gota que colma el vaso. Es una herida a nuestro físico que todos pueden ver, porque la herida del pecho podemos ocultarla.

El cuerpo vuelve a ser nuestro enemigo, lo sentimos sin control y se rompe el equilibrio que habíamos conseguido. Y aunque pueda parecer mentira, mi experiencia con muchas mujeres mastectomizadas es que el linfedema, mal menor considerado por el médico, se convierte en un drama, ya que es el recuerdo de la enfermedad inicial. Recibir tratamiento con terapia linfática no solo soluciona el problema médico, sino que produce el efecto psicológico de que existen soluciones, acudir a tratamiento es conseguir encauzar de nuevo la situación.

La terapia linfática, y sobre todo la terapia linfática manual, nos ayuda a comprender cómo funciona nuestro cuerpo, nos ayuda a investirlo de nuevo. El drenaje linfático nos enseña que sí es posible actuar sobre nuestro cuerpo y que éste mejora a la vez que el tamaño del brazo disminuye. La sensación de dominio sobre nuestro cuerpo aumenta y nos tranquiliza.

El fisioterapeuta, y sobre todo “el tacto y el tocar terapéutico”, hace una función de maternaje, desde el punto de vista psicológico. Nuestra piel guarda memoria de cómo hemos sido tocados en nuestra primera infancia por nuestra madre, dependiendo de la relación que hayamos tenido sentiremos placer  o rechazo ante un contacto tan cercano. Durante los tratamientos se establece una relación, una relación en la que existen dos personas. El fisioterapeuta se relaciona con el paciente por medio del tacto de una manera abierta o cerrada. El tocar consciente del fisioterapeuta, y no el acto mecánico de unas maniobras, puede ayudar a las pacientes a recuperar su imagen corporal, a investir de nuevo su cuerpo, a recuperar la confianza en él y que por fin deje de ser su enemigo.

Pilar Gómez Cano

Psicóloga

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