LA IMPORTANCIA DEL EJERCICIO FÍSICO EN PACIENTES CON LINFEDEMA

Sabemos que es muy importante para los pacientes con linfedema o en riesgo de padecerlo realizar ejercicio físico. Por supuesto hay mucha evidencia científica que así lo afirma. Desde nuestra experiencia clínica, además, los pacientes que hacen ejercicio se encuentran mucho mejor que los que son más sedentarios, tanto a nivel físico como psicosocial. Es decir, tienen una mejor calidad de vida a pesar de las dificultades que se encuentran, sobre todo al inicio.

Si nos centramos en los pacientes con linfedema adquirido o secundario a procesos oncológicos, como pacientes de cánceres de mama, cérvix, ovario, vejiga, próstata, melanomas, sarcomas… con más razón aún deben realizar actividad física y ejercicio con mayor asiduidad, hayan desarrollado o no linfedema. La evidencia científica afirma que el aumento tanto del peso como de la grasa corporal, se asocian con la recurrencia del cáncer. Este dato es de máxima importancia, por ello, la actividad física y el ejercicio regulares deben ser una prioridad en sus vidas. Y no solo por eso…


¿Por qué es tan importante la actividad física y el ejercicio? ¿Por qué tenemos que movernos?

Porque se generan efectos beneficiosos como:

  •  la disminución del peso corporal y la tasa de grasa corporal, 
  • cambios hormonales relacionados con la sexualidad y factores metabólicos, 
  • reducción del estrés oxidativo, de la inflamación sistémica,
  •  se activa y refuerza el sistema inmunológico, etc

Y estos efectos fisiológicos son muy importantes para cualquier persona, pero más aún si cabe, para pacientes con cáncer o supervivientes. Además, el ejercicio es beneficioso en pacientes con linfedema porque mejora la efectividad de las bombas musculares y, en consecuencia, esto estimula el transporte linfático. Una extremidad con linfedema sin fuerza, es un factor de riesgo para el desarrollo de problemas funcionales en las actividades de la vida diaria. 


Un estudio publicado en noviembre de 2020 compara 2 grupos: un grupo control de mujeres sin patología y un grupo experimental de mujeres con linfedema secundario a cáncer de mama (ambos grupos con características sociodemográficas similares). Este estudio afirma que las barreras más frecuentes para practicar ejercicio en el grupo experimental fueron la fatiga, tener otras responsabilidades, las condiciones climáticas, el dolor y el linfedema.

En general los pacientes prefieren participar en un programa de ejercicio estructurado, supervisado y de intensidad moderada dirigido por profesionales sanitarios, a ser posible en sus instalaciones (clínica o centro deportivo). Lo que más les gusta y suelen hacer es caminar o trotar. Pero es muy importante, además de esto (ejercicio aeróbico-cardiovascular), realizar ejercicio de fuerza. Desde nuestro punto de vista, si esto es lo que más ayuda al paciente o lo que prefiere, es lo que se le debería ofrecer para mejorar la adherencia al ejercicio y obtener sus beneficios.

Es bueno realizar ejercicios de fuerza controlados

A pesar de los avances de los últimos años en la investigación sobre el ejercicio, y sobre el ejercicio en relación con el linfedema, el mito de no realizar ejercicio sigue muy arraigado en la población. Y eso es un concepto erróneo que debe modificarse. El ejercicio bien estructurado, programado, progresivo y supervisado por un fisioterapeuta especializado es beneficioso, seguro y recomendable para los pacientes con linfedema (sobre todo los estudios realizados son en linfedema relacionado con cáncer de mama. En la práctica clínica, los pacientes con primarios o secundarios de otro tipo, también mejoran). Se pueden / deben realizar ejercicios aeróbicos moderados o intensos, ejercicios de fuerza con gomas, pesas, con cargas progresivas sin riesgo de empeorar o facilitar la aparición del linfedema. Pero deben ser dirigidos y supervisados por un fisioterapeuta especializado. También es muy recomendable el ejercicio en el agua.

Es necesario informar adecuadamente al paciente y que no reciba informaciones contradictorias, y eso es tarea de comunicación entre el equipo multidisciplinar. Así se lograría disminuir la kinesiofobia (miedo al movimiento) y la preocupación por empeorar su patología con el ejercicio de fuerza, entre otros problemas. El ejercicio es beneficioso y recomendable, ayuda a la funcionalidad y al transporte de la linfa gracias a la bomba muscular y previene otros problemas. 

Para el tratamiento del linfedema, no solo es necesaria la terapia descongestiva (TDC) con drenaje linfático, prendas de compresión, cuidados higiénico-dietéticos y ejercicios miolinfocinéticos… para disminuir el volumen, es necesario ganar funcionalidad y autonomía y para ello, es preciso trabajar la fuerza. 


Recomendaciones de la OMS

Según la Organización Mundial de Salud (OMS), en sus guías actualizadas en noviembre 2020, las recomendaciones sobre la actividad física para los supervivientes de cáncer son:

  • Acumular a lo largo de la semana un mínimo de entre 150 y 300 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada, o de 75 y 150 minutos de actividad física aeróbica de intensidad vigorosa.
  • Además de entrenamiento equilibrio y de fuerza de intensidad moderada o más elevada 3 o más días a la semana para mejorar su capacidad funcional y evitar caídas.

 

¡¡¡Mira si es importante moverse!!!

 

Si quieres saber más, lee el post de ACTUALIZACIONES DE LA GUÍA DE LA OMS SOBRE ACTIVIDAD FÍSICA Y HÁBITOS SEDENTARIOS

Escrito por: Dra. Ángela Río

Fisioterapeuta RED AEL. Especializada en Linfedema y Fisioterapia Oncológica.

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